El alma que ha visto, lo mejor posible, las esencias y la verdad, deberá constituir un hombre, que se consagrará a la sabiduría, a la belleza, a las musas y al amor. Platón, Fedro o de la belleza.
Perhaps he knew, as I did not, that the Earth was made round so that we would not see too far down the road. Isak Dinesen
Sólo vemos lo que miramos. Mirar es elegir. John Berger
Y cogeré hasta el final de los tiempos, las plateadas manzanas de la Luna, las doradas manzanas del Sol. William Butler Yeats

viernes, 11 de agosto de 2017

Existe una ciudad llamada Darwin




Ha llegado el mes de Agosto y como suele ser costumbre por estas fechas suele caer un libro de Xavier Moret en mis manos.
Los últimos veranos he disfrutado de su lectura a través de "América, América" o "La memoria de Ararat", pero estos días tocaba disfrutar de "Boomerang-Viaje al corazón de Australia".

Australia no es sólo una isla o un continente, es mucho más. Podría ser la suma de un todo y a la vez de la nada porque su naturaleza es tan hostil y a la vez tan bella que te aleja de la realidad.
Moret emprende un viaje en solitario. Visita sus grandes ciudades como Sydney, Melbourne, Camberra y sale en busca de lo desconocido: paisajes infinitos, mares y océanos salvajes, animales únicos y una población aborigen diezmada por el hombre blanco.

Si retrocedemos en el tiempo descubriremos al holandés Willem Jansz como el primer navegante occidental que desembarcó en la isla, allá por 1606. Según las crónicas escritas hizo una descripción de la zona como la región más árida y estéril y a sus habitantes los tachó de pobres y desgraciados.




Si avanzamos en el tiempo un poco más, como un siglo y medio seremos testigos de la llegada a las costas australianas de la persona a la que se le atribuye el verdadero descubrimiento del continente. Este es el inglés James Cook (1728-1779) que a bordo del Endeavour capitanea  una de las expediciones científicas más relevantes y cuyo objetivo fue el de observar el tránsito de Venus desde la superficie del sol. Desde ese momento el misterio que envolvía aquella tierra-Terra Australis Incognita-ya tenía un lugar marcado en las cartas de navegación. La cartografía había conquistado otro continente.

Yo nunca había sentido una especial atracción por este lugar del mundo. Demasiado extenso, árido, vasto, con una sensación de territorio infranqueable, infinito, inabarcable.
Tras su lectura Moret consigue que fijes la atención en paisajes que sólo puedes encontrar allí, porque sólo es en Australia dónde se encuentra la roca más mágica del planeta.
El Uluru o Ayers Rock (como la conocen los europeos) es una roca de 3,6 kilómetros de largo y 348 metros de alto. Para los aborígenes es sagrada y nunca se suben a ella, su carácter mágico la hace única, por eso jamás la pisan, sólo la observan, la estudian y la miman, como si fuera una divinidad. La hordas de turistas la pisotean con el objetivo de plasmar sus caras en su selfie que pronto quedará oculto en el tiempo.




Moret continúa viaje y hace una parada en un lugar llamado Alice Springs siguiéndole la pista a Bruce Chatwin (1940-1989) y su libro "Los trazos de la canción". Esta pequeña población tiene una librería cuya propietaria llamada Iris Harvey se dedica(ba) a vender libros y cuadros de pintores aborígenes. Resultaba de lo más interesante encontrarse con una mujer que dejó Europa tras la II Guerra Mundial para instalarse en medio del desierto australiano. Rodearse de la literatura de los clásicos y la historia local parecía la entrada a una nueva dimensión en medio de la nada.




Y por fin llegamos a una ciudad llamada Darwin, bautizada así en honor al naturalista Charles Darwin que arribó a estas costas en su viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle entre 1831-1836.
Esta ciudad, capital del Northern Territory sirve de avituallamiento a todos los viajeros que llevan muchos kilómetros a sus espaldas tras superar el inhóspito Outback, la arena y una sed de mar como pocas veces se puede llegar a sentir!
Darwin comenzó a cobrar importancia cuando en el año 1871 se descubrió oro en lugar llamado Pine Creek a unos docientos kilómetros al sur. Es a partir de entonces cuando Darwin se convierte en el puerto de entrada y salida de mercancías, buscadores del preciado metal y sobre todo punto estratégico en las comunicaciones con Asia.

Esta ciudad ha sufrido dos catástrofes por las que tuvo que ser reconstruida casi en su totalidad.
La primera ocurrió durante el ataque aéreo japonés durante la II Guerra Mundial. La flota aérea fue la misma que atacó Pearl Harbor al comienzo de la guerra y ha supuesto el mayor ataque bélico que ha sufrido Australia hasta la fecha.
La otra catástrofe ocurrió en 1974 cuando el ciclón Tracy arrasó literalmente la ciudad con el 70% de los edificios destruidos.



A unos 170 kilómetros de Darwin nos encontramos con una de las maravillas del país. Se trata del Parque Nacional de Kakadu, una extensión del territorio plagada de accidentes geográficos, planicies inundables habitadas por cocodrilos marinos y abrigos rupestres como Ubirr, Nourlangie y Nanguluwur, en los que el hombre ha dejado su huella desde hace más de 20.000 años.


sábado, 8 de julio de 2017

Enviado especial a las Highlands


Copyright Mauricio & Patri

Llega el verano y como cada año uno empieza a pensarse si es el momento de hacer un viaje o soñar con él.
Yo, en principio me reservo a que los vientos alisios me sonrían, y quizás con un poco de suerte embarcar hacia lo desconocido...
Estos días recorren las Highlands una pareja de grandes viajeros, Mauricio y Patricia, que me envían crónicas de su estancia viajera por Scotland a través de fotos y emoticonos.





Escocia fue para mí un viaje un poco extraño. Sí  ya sé que el verdor, el whisky y la lluvia son siempre un atractivo pero a veces por circunstancias los viajes no son cómo uno los imagina. Pero vayamos a lo interesante.
Escocia se presenta como un respiro, una pequeña esmeralda verde que te despierta las ganas de comerte el paisaje con los ojos. Sólo por hacer una pequeño apunte y aunque nuestros viajeros se lo hayan saltado, he de recomendar visitar la capital, Edimburgo, una joya norteña envuelta en niebla, lluvia y misticismo celta. Sólo con pasear por la ciudad ya sientes un "relajo" merecedor de una brown-ale, esa cerveza que le gustaba beber a Jorge Luis Borges y le hacía brindar por uno de los más ilustres escritores que ha dado esa ciudad y el siglo XIX, me refiero a Robert Louis Stevenson.

Otra de las sorpresas fue "toparnos" en la National Gallery con un cuadro digno de contemplación mesurada, "La Vieja friendo huevos" (1618) de Velázquez (1599-1660), un testimonio pictórico de una época y una España barroca devastada por el hambre, las guerras de religión y la más afilada picaresca.




El cine y la película "La vida privada de Sherlock Holmes" (1970) dirigida por el director Billy Wilder se convirtió en el motivo para visitar Escocia. Sus dos grandes protagonistas, Holmes y Watson, acompañados por la Señorita Irene Adler, se sumergen en una aventura detectivesca a través de las Highlands en busca de un marido "desaparecido" en extrañas circunstancias. A lo largo del trayecto van apareciendo personajes de lo más variopinto, desde unos enanos hasta unos monjes trapenses dispuestos en romería que dan qué pensar. Wilder dijo en una ocasión que ésta había sido su película más íntima y personal y señores...para mi es una obra maestra.




Las películas ambientadas en escenarios escoceses son muchas. Quien no ha visto "Braveheart", "Rob Roy", "Los inmortales", "La trampa", "Local hero" y un larguísimo etc...
Escocia atrae porque la naturaleza sigue siendo virgen, porque el Lago Ness encierra en sus profundidades un misterio envuelto en un marketing de postal, llaveros y menaje con un Nessie caricaturizado de mil formas y maneras y, atrae aún más porque el aire es fresco y el café (aunque malo) te acompaña en el coche mientras recorres el país y escuchas a Nick Drake.


Pd: entrada dedicada a Mauricio y Patricia ¡Feliz viaje!

sábado, 6 de mayo de 2017

En busca de Beatrice Portinari




(Una tarde del mes de Abril...)
Salimos del hotel Academia-situado justo enfrente de la Iglesia de San Lorenzo-con una lluvia torrencial, de esa que te empapa en pocos segundos, giramos a la izquierda con dirección al Palazzo Médicci-Ricardi. Las estancias y su patio central son espléndidos, guardan un equilibrio en proporciones tan perfecto como sólo el Renacimiento nos ha dado. En una de sus salas, una muy pequeña para la suntuosidad del edificio, se esconde una joya de la pintura del Qinquecento. Se trata de la "Adoración de los Magos" de Benozzo Gozzoli. Un séquito real acompaña a un Melchor, Gaspar y Baltasar que bien podrían ser el vivo retrato de un ciudadano ilustre de la Florencia del siglo XVI. Contemplarlos en silencio se convierte en un encuentro con el pasado de la ciudad y con un tiempo ya muy lejano.




La lluvia y los zapatos mojados nos llevan a un pequeño bar en el que se hace imperativo beberse un primer café (italiano) y como no una fresquísima "Moretti".
Tomamos la vía Cavour y nos plantamos en la Piazza della Signoria para refugiarnos de inmediato bajo la Logia dei Lanzi y sus soportales. Allí en medio de la tormenta se escuchan las voces de Las Sabinas y su rapto y a Perseo y su cuchillo en mano "sangrante" tras cercenarle la cabeza a Medusa. El viento que trae el río Arno silba entre las esculturas y proclama un anochecer más, que la ciudad está protegida de las miradas.





Llega el momento de la cena y que mejor manera de celebrarlo que en una Trattoria con unos "pappardelle al cinghiale" y unos "raviolis a la ricotta" ¡¡assolutamente ottima!!
Acaba el día y tras la cena elegimos un pequeño bar al lado del hotel para disfrutar en su terraza de la noche.




Firenze esconde lugares que bien valen una visita. Toparse con el Duomo es siempre espectacular. Es cierto que la mirada no te llega o no te da para contemplar tanta belleza a si que yo creo que lo mejor es dejarse llevar y seguir caminando. 
En uno de los laterales de la Piazza del Duomo sale una bocacalle muy estrechita que te lleva al Museo de Dante, fuera de los circuitos tradicionales y renacentistas de la ciudad. Dentro de la estancia y subiendo unas escaleritas te sumerges en un espacio y universo propio del autor de la Divina Comedia. Paneles con su biografía escrita, mapas, pinturas, muestran la Firenze más medieval y totalmente desconocida para los viajeros. Al asomarte por una de los ventanales que dan a un patio, se oye la voz de un Dante Alighieri que ha cobrado vida al grito de:

¡Oh vosotros los que entráis,
abandonad toda esperanza!

Inoculados del amargor de sus palabras caminamos en silencio por el estrecho corredor de la calle y sin quererlo alzamos la mirada y leemos un cartel que dice: "Chiesa di Dante". Ahí está señoras y señores la pequeñísima y bella iglesia de Santa Margherita dei Cerchi donde se encuentran los restos y la sencilla tumba de la amada de Dante. Ella es, ella fue: Beatrice Portinari. 



Se ha especulado mucho sobre la existencia real de Beatrice. Para algunos sólo fue un amor platónico, fantaseado e inventado por Dante para su gran obra, la Divina Comedia. Otros hablan de una mujer proveniente de una familia rica cuyo padre, Folco Portinari tuvo el mérito de fundar el hospital principal del centro de la capital toscana. La fecha de su nacimiento se sitúa en el año 1266 y la de su muerte en el 1290, con tan sólo veintitrés años. No se tiene constancia de una relación entre el escritor y su musa. Ella se casó con un banquero llamado Simone dei Bardi y tras su muerte cuentan que Dante, destrozado por la noticia entró en una etapa de excesos y numerosas amantes. Un año después contrae matrimonio con Gemma Donatil.

Dante y Beatrice pintado por Henry Holiday (1883)
Salimos de la Iglesia con una sonrisa. Encontrarnos con Beatrice y Dante ha sido muy especial.
Ponemos rumbo al Piazzale Michelangelo, al mirador más alto de la ciudad y desde donde se contempla la puesta de sol más bella de Firenze.
Ahora mientras el sol se pone y para celebrar una vez más el día, nos pedimos un "Aperol-Spritz" y un "Negroni"
¡Salute!


jueves, 4 de mayo de 2017

Itinerarios gastronómicos de James Cook



A mis manos llegó hace unos meses un título de lo más curioso "Los itinerarios gastronómicos del capitan Cook" de Juana Barría (2002, RBA), finalista del premio Sent Soví. El premio Sent Soví, es un galardón literario que premia obras de temática gastronómica, convocado por la Universidad de Barcelona, la Fundación Sala-Freixenet y la editorial RBA. El premio recibe su nombre del Llibre de Sent Soví (1324), recetario de cocina medieval de autor anónimo y escrito en lengua catalana. Se trata de un documento histórico fundamental que permite averiguar la historia de la alimentación en Europa durante la Edad Media, y en particular de los orígenes de la cocina catalana.


Mapa de Terranova. James Cook

Pero conozcamos un poco más de los hábitos alimenticios del capitán Cook.
James Cook (North Yorkshire 1728- Hawai 1779) vivió 50 años, de los cuales más de las tres cuartas partes se los pasó viajando. A los dieciocho años decidió embarcarse en un barco carbonero, navegando durante nueve años entre puertos de Inglaterra, el Mar Báltico y Noruega. Cuando el Almirantazgo inglés comenzaba a organizar las primeras expediciones al Pacífico, nombraron a Cook como teniente de navío. Sus dotes como marinero, inteligencia y talento, se vieron reflejados en sus diarios y mapas. Uno de los aspectos que más destaca en su persona, es que él procuraba regresar a Inglaterra con toda su tripulación viva, tarea nada fácil en una época en la que  las enfermedades como el escorbuto hacía mella entre los marineros. Dada la magnitud de los viajes, por su duración y lejanía, las provisiones de verdura y fruta fresca se consumían enseguida. Era fundamental idear un sistema para conservar estos alimentos durante más tiempo y poder ofrecer a la tripulación el aporte de vitamina C, indispensable en viajes que duraban incluso años. El capitán Cook se propuso erradicar el escorbuto mediante dietas especiales. Uno de los grandes avances fue el chukrut o sauerkraut, introducido por los holandeses en travesías largas. El chucrut no es más que col fermentada con sal, un alimento que regenera la flora intestinal, refuerza el sistema inmunitario con un gran aporte de vitamina C y hierro. Tras esta revolución gastronómica, Cook comenzó a adoptar nuevos productos y comida que iba descubriendo por cada uno de los lugares que visitaba y no dudaba en incluirlos en la dieta de a bordo, tan bien reflejado en sus Diarios.


El objetivo de Juana Barría tal y como añade en la introducción, es acompañar al capitán Cook en lo que ella denomina "una exploración gastronómica", tres capítulos, uno por viaje. La autora ha hecho un excelente trabajo de recopilación, recetas de las tierras que visitó, alternadas con textos de los diarios de a bordo escritos por el capitán durante esas tres expediciones. Algunos son platos exóticos, otros son recetas inglesas de los siglos XVIII y XIX recuperadas para la edición del libro.

"Los itinerarios gastronómicos del capitán Cook" no sólo recoge un recetario elaborado a partir de la recolección de alimentos a lo largo del mundo, muestra también el placer por el viaje, el interés por otras civilizaciones y un elenco de personajes históricos que sólo puedes conocer a través de su lectura. Entre ellos destaco al naturalista Joseph Banks, primero en introducir en Occidente los eucaliptos, acacias y mimosas. Los pintores Williams Hodges y John Webber. El naturalista Anders Sparrman discípulo de Linneo. El botánico Sydney C. Parkinson y el médico-cirujano William Anderson.



Los grandes viajes que realizó por el Pacífico, fueron determinantes para la cartografía náutica. Cook plasmó en mapas grandes áreas, desde archipiélagos, pequeños atolones, islas y relieves costeros, documentados por primera vez en mapas europeos. Tres fueron sus viajes.
El primero se realizó a bordo del Endeavour entre (1768-1771) con dos claros objetivos. Uno de ellos observar y documentar el tránsito de Venus sobre el sol por lo que se podrían calcular las distancias de los demás planetas conocidos basándose en sus órbitas relativas.
Otro fue buscar en el Pacífico Sur señales del continente más austral. Durante este viaje comenzó a tener contacto con las tribus locales de las diferentes islas, su aproximación hacia ellos y su interés por los alimentos que consumen "se puede concluir que la raza a la que pertenecen es resistente. Viven principalmente de marisco, como los mejillones, que cogen de las rocas a lo largo de la costa, trabajo que parece reservado a las mujeres".
  

La Royal Society encomendó a Cook durante su segundo viaje (1772-1775) buscar la mítica Terra Australis. La expedición circunnavegó el globo terráqueo a muy alta latitud sur, convirtiéndose en uno de los primeros en cruzar el círculo polar ártico 71º 10`sur. Descubrieron Georgia del Sur, las islas Sandwich del Sur. 
En su viaje de regreso visitaron Vanuatu (en los Mares del Sur) y La isla de Pascua. Veamos aquí un ejemplo de su paso por las islas y de la abundancia de comida "gallinetas de agua o de bosque, que se parecen a la gallina común y que se saborean bien cocidas en pastel o fricasé". "Nunca habíamos comido algo tan limpio y tan bien cocinado: los cerdos estaban cocinados enteros. La carne estaba acompañada de con frutos del árbol de pan asados y con plátanos; como bebida nos trajeron cocos en gran cantidad".
El tercer y último viaje (11776-1780) tenía por objetivo descubrir la existencia de un paso entre el Océano Atlántico y el Pacífico que acortaría el  trayecto entre Europa y el Extremo Oriente. Costearon la fachada oeste americana, desde California hasta el Estrecho de Bering. Ya de vuelta en Hawai ocurrió un desgraciado enfrentamiento entre los hawaianos y la tripulación: "Me temo que esta gente me va a obligar a tomar medidas violentas, pues no hay que dejarles creer que nos aventajan". El capitán Cook fue apuñalado junto a otros cuatro marineros. Murió un 14 de Febrero de 1779.




(A continuación propongo una de las varias recetas recogidas en el libro "Los itinerarios gastronómicos del Capitán Cook" de Juana Barría).

Dadar Gulung (Creps rellenos de coco) Indonesia.

Para la pasta:
225g de harina tamizada
2 huevos
unas gotas de esencia de vainilla
medio litro de agua fría
colorante verde, si decide usarlo

Para el relleno:
220 gr de azúcar
200 ml de agua
1 cucharada de azúcar moreno o de melaza
80 gr de coco rallado
una pizca de sal

Prepare la pasta: ponga la harina en un bol y coloque los huevos batidos en el centro. Vaya mezclándolos con la harina usando un tenedor o un batidor. Agregue la vainilla y vierta paulatinamente el agua, hasta obtener una pasta no demasiado espesa. Déjela reposar mientas prepara el relleno.
En un cazo hierva a fuego suave el agua con el azúcar y revuelva hasta que se haya disuelto el azúcar. Deje hervir a fuego suave durante cinco minutos, sin revolver. Retire del fuego e incorpore el azúcar moreno o melaza. Mezcle el coco rallado y la pizca de sal en un bol, vierta el almíbar y remueva suavemente. Haga los creps y rellénelos con una cuchara sopera de la mezcla de almíbar y coco y sírvalos calientes o fríos.


martes, 14 de marzo de 2017

Los lugares soñados por Karen Blixen




Karen Blixen fue una mujer atemporal en una época de guerras, de colonias y países por conquistar. Hizo lo que solemos hacer muchos, soñar con dejarlo todo y marchar lejos, bien para empezar una nueva vida o quizás para encontrarla. 
Karen dejó su país, Dinamarca, para viajar a Kenia y asentarse allí. Todos conocemos lo que le sucedió por la magnífica película que dirigió Sidney Pollack en 1985 con el título "Out of Africa". Se casó con el barón Bror Blixen-Finecke, un tipo algo escurridizo y de lo más mujeriego que terminó por pegarle la sífilis. Aquellos no fueron buenos tiempos, ni para la pareja ni para las enfermedades. La sífilis se trataba con un medicamento llamado "Salvarsán" a base de arsénico y conocido como la "bala mágica". Tras seis años de matrimonio la pareja se divorció y Karen se quedó con la plantación de café, conocida como The Karen Coffee Company. 

Karen Blixen (1913)

Karen y su hermano (1920)

Pasaron los años, la I Guerra Mundial y las idas y venidas entre su granja y Nairobi, hicieron posible que conociera al que sería el amor de su vida, Denys Finch Hatton, un cazador británico y amante de los lugares abiertos y solitarios. Yo, como la mayoría, le pongo rostro a ese cazador. Es inevitable no pensar en Robert Redford y su gramófono de principios de siglo, sus discos de cera y ese silencio roto que marcan las notas de Mozart en su concierto para Clarinete en A Mayor K622 (Adagio).


Dennys Finch Hatton

Karen solía sentarse cada atardecer en el porche de casa. Tomaba una taza de té y escuchaba el rumor de la sabana. "I had a farm in Africa, at the foot of the Ngong Hills" (yo tenía una granja a los pies de las colinas de Ngong) pertenece a su novela Out of Africa escrita en 1937. En ella relata parte de su vida en Kenia y posiblemente uno de los periodos más felices de su vida. Así comienza la película de Pollack, con un plano general que cubre gran parte del Parque Nacional de Tsavo, un lugar montañoso y húmedo cargado de nostalgia. 

La historia de amor entre Karen y Finch terminó tras varios años de convivencia. Él comenzó un romance con una entrenadora de caballos de carreras en Nairobi, aunque algunos biógrafos han conjeturado que Finch Hatton era homosexual por su estrecha relación con el expatriado británico, Berkeley Cole. Un 14 de Mayo de 1931 Denys se estrella en su avioneta junto a su sirviente Kamau, los dos resultaron muertos.

Parque Nacional Tsavo

Pollack hace varias referencias durante su película al poeta Samuel Taylor Coleridge y su famoso poema Rime of the Ancient Mariner (La balada del viejo marinero), éste es sin duda una de las partes más bellas de la película, justo cuando Denys le lava el cabello a una Karen Blixen asfixiada por el calor. 
Al igual que la película la vida de Karen en Kenia acabó con su retorno a Dinamarca. La plantación fue vendida por la terrible caída de los precios del café. Siempre quiso regresar pero la II Guerra Mundial se lo impidió. 
Nunca más regresó a África.


lunes, 20 de febrero de 2017

Los lugares más fríos del planeta (II) Diómedes




"En el mapa, el relato encuentra su asiento, las trayectorias de sus personajes, su intriga completa a veces, y siempre una mina de sugerencias", escribió  Jean-Yves Tadié a propósito de "La isla del Tesoro".
Islas paradisíacas, islas deshabitadas, islas de la discordia, islas remotas...un pedazo de tierra que une geografía y literatura, un pedazo de tierra firme que habla, siente, emerge y desaparece.
Cuando hablamos de islas parece que siempre han de estar unidas al concepto del placer y el exotismo. Islas Mauricio, Maldivas, Barbados, Curaçao, y un largo etc...se asocian al coco-loco, margaritas, piñas coladas, tumbonas, baños de cremas, colocones...
Las islas de las que hablaré hoy no podrían catalogarse de habituales ni conocidas, si no las buscas en el mapa, podrían ser hasta fantasmales.



Pinchemos en las siguientes coordenadas 65º47´00´´N-169º01´00´´O  ISLAS DIÓMEDES, donde empieza y acaba el mundo.
Las Diómedes son dos islas rocosas con unas temperaturas en invierno a las que pocos pueden hacer frente, tan sólo si eres de allí o bien si viajas por el placer de visitar uno de los rincones del mundo más remotos, más enigmáticos y más heladores del planeta.
¿Qué les hace a las Diómedes diferenciarse en todo al resto de islas? pues la respuesta está en que una pertenece al "hoy" y la otra al "mañana" es decir entre ellas pasa la Línea Internacional del cambio de fecha. Hay un día de diferencia horaria entre una y otra, aunque las separen 3,7 km de distancia y la hora solar sea la misma, algo así como un capricho de los dioses.




La isla situada en la parte Occidental es conocida como Diómedes Mayor, pertenece a Rusia y se encuentra deshabitada. La otra, la más pequeña y localizada en la parte Oriental es Diómedes Menor, también llamada Inaliq y pertenece a los EE.UU. Las dos flotan en medio del Estrecho de Bering, una franja de agua y hielo, entre el Mar de Chukchi y el Mar de Bering. Un lugar al que las sirenas nunca le han susurrado con su canto.
Tras la Guerra Fría se prohibió el cruce de la frontera marítima de una isla a otra, por lo que los habitantes de la Mayor fueron enviados al Continente, es decir a la parte rusa, quedando ésta como una base militar.
La isla Menor tiene tan sólo siete kilómetros cuadrados de superficie y sus habitantes son de cultura esquimal-los inupiaq-hablan inglés pero conservan su dialecto, preservan sus tradiciones, sus danzas, manteniendo su identidad. 




Nadie o casi nadie consigue llegar a la isla Menor como turista...bueno una vez por semana reciben la visita de un helicóptero con  el correo postal y víveres. Tienen un colegio con ordenadores y conexión a internet. Los niños no parecen asustados por el frío cuando llegan a estar a muchos, muchos grados bajo cero en pleno invierno. Siempre se puede salir al exterior y jugar al escondite. 
Su alimentación ha comenzado a cambiar debido a la invasión de productos que vienen de fuera. La ballena y otros animales glaciares son la base de su dieta pero la comida industrial empieza a notarse por algunos casos de obesidad. 



Cuando el mar se congela puedes ir caminando de una isla a la otra, éste es el único lugar en el que no te pedirán visado de entrada entre los EE.UU y la Federación Rusa y viceversa.
La cineasta mexicana, Lourdes Grobet, ha producido un documental muy especial sobre las Islas Diómedes titulado "Bering. Equilibrio y resistencia" del 2013 y presentado a concurso en varios festivales. 
Islas Diómedes, dos islotes separados por los caprichos de las líneas imaginarias y los husos horarios.


                                        Trailer-Bering. Equilibrio y resistencia (2013)


miércoles, 18 de enero de 2017

Los lugares más fríos del planeta (I) Oymyakon




Como cada Enero llega el frío, las temidas olas polares, el viento que no cesa, las nevadas, la cencellada, hasta el hielo, lo que me hace recodar una de mis películas favoritas "Tormenta de hielo" dirigida por Ang Lee en el año 1997. Como su título indica durante la acción de la misma se produce una enigmática y sobrecogedora tormenta de hielo, el final ya es otra cosa...lo dejo en suspense para los que aún no la habéis disfrutado.
Hoy es un día de esos que se recuerdan en las zonas de costa. La nieve ha llegado a cota cero y eso es algo tan inusual que las gentes del lugar se han lanzado de lleno a rebozarse en el manto blanco que la nieve ha dejado en las playas del Mediterráneo. Si hablamos de temperaturas mínimas pues también se empieza a hablar de récords y demás; yo siempre recordaré la nieve que se depositaba en la parte alta de los tejados que había enfrente de mi casa, y cómo no, de los carámbanos que se hacían en los arcos del acueducto, eso sí era frío...



Cuando se habla del invierno siempre buscamos la temperatura más fría y el lugar del planeta más lejano y desconocido que fácilmente puede recaer en Siberia o en dos islas situadas en lo más remoto de la tierra.
Oymyakón, es un diminuto poblado situado en el noreste de la República de Sajá, al este de Siberia, Rusia. Cuenta con poco menos que 470 habitantes y su suelo se halla permanentemente congelado formando permafrost. ¿Pero qué le hace a Oymyakón destacar del resto? la respuesta esta en este dato: el 26 de Enero de 1926 se registró la temperatura más baja hasta la fecha -71,2 ºC, nunca antes se había registrado una temperatura tan baja en zona habitada, siendo la más baja en el Hemisferio Norte. Ante tal helador panorama uno se pregunta cómo viven los habitantes de esta aldea. Pues bien, como su nombre indica, etimológicamente Oymyakón significa en idioma yakuto "agua que no se congela" y esto sucede gracias a  las aguas termales que les rodean. El invierno tiene una duración de unos 9 meses y es realmente duro. Para dar algunos datos diremos que todo aquel líquido que permanece en el exterior se congela en menos de 10 segundos, tus pestañas se congelan con la brevedad del estornudo, la gasolina se solidifica si se apaga el motor, y bueno tender la ropa mojada en el exterior de casa, por supuesto, no se contempla. Oymyakón es algo así como vivir dentro de un congelador.



(Al fondo creo ver la estatua de Lenin...)

A los que os pueda apasionar el tema (como a una servidora), os dejo el enlace de un documental que fue a grabar el meteorólogo, Mario Picazo y que da una idea del lugar. ¡Muy interesante!
Climas extremos-Oymyakon